2020.11.20

Me levanto de la cama amorosamente, poco a poco, sintiendo mi cuerpo, desperezándome con respeto a mis procesos. Corro la cortina de mi habitación-celda. Frente a mí, me saluda el nogal. Sus ramas están casi desnudas pero aún sostienen algunas hojas que pronto caerán y algunas nueces que pronto caerán y comeré. Algunos pájaros se posan aquí y allá sobre las ramas sólo breves instantes antes de volver a emprender el vuelo. Su brío, su agilidad contrasta con el parsiminioso movimiento ondulante de las hojas que mece el viento y que aún no han caido. La vida se desarrolla clara y a la vez profundamente misteriosa frente a mi ventana. Sutileza, movimiento, inevitable movimiento. Diferentes ritmos, sorpresa, la aventura de lo cotidiano. Yo, tras el cristal, comtemplo y participo con mi observación creando esta realidad frente a mí, que soy yo mismo.

Es otoño, un otoño. Antes hubo otros otoños y vendrán muchos más otoños. El tarot me ha pedido que pare, que me cuelgue, que me deje llevar, que sacrifique mis constantes ganas de hacer cosass y que libere emociones, que contacte con ellas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *