2015.09.14

Miravet ~ Campredó //

Me levanto con el sol, como cada día últimamente. Desayuno, cago, recojo las cosas y hago unas fotos. Hacia las 8:15 h, mientras aún estoy acampado, pasa un hombre bigotudo paseando con su perro. Pareciera que el perro quisiera quedarse conmigo… Como sé que a partir de ahora el GR es inciclable, le pregunto si conoce algún camino para llegar al Pinell de Brai, siguiente pueblo en mi ruta, pero no sabe decirme. A la vuelta de su paseo, sin embargo ha averiguado por otro hombre que sí que existe ese camino y que además es muy fácil, pero no sabe indicarme exactamente cómo llegar a él.

Son las 9:45 h. No tengo agua y sé que debería volver a Miravet, pero me da palo porque ya me siento en ruta, así que decido continuar. La pista es sencilla pero hay bastantes desniveles y el firme es irregular. Compruebo por unos ruidos en la rueda de atrás que el portabultos está roto y que en los baches roza con la rueda. Llevo demasiado peso sobre la rueda y los pulpos se me están rompiendo de la presión. En estas condiciones llego a una explanada con unos árboles frutales. Paro, sé que algo va a pasar, hay un presagio en el ambiente. A las 10:40 h llegan dos chicos cicloturistas que no saben si van por el buen camino. Les explico lo que sé y que a partir de ahora empieza un camino bordeando el río que todo indica que es imposible hacer en bici pero ellos deciden hacerlo. En menos de veinte minutos están de vuelta y me cuentan que intentarán llegar por el monte a la carretera. Yo decido volver a Miravet porque sin agua y con la bici como va no puedo arriesgar.

Una vez en Miravet distribuyo el equipaje de manera que pese menos y me deshago de alguna cosa. Almuerzo la pasta que me sobró de anoche, me aseo y lleno las cantimploras de agua en un parque infantil. Son las 13:00 h y, aunque ya estoy cansado, decido continuar por carretera hasta el Pinell y descansar cuando lleve algo de camino avanzado. La carretera hace bastante subida durante bastante tiempo así que llego más cansado aún y empezando a notar el hambre que calmo con una pera y algunos higos. De aquí a Benifallet tomo una carretera que en una suave pendiente me vuelve a colocar en el Ebro.

De Benifallet a Tortosa el camino es una agradable vía verde. La antigua estación de tren de Benifallet ahora es un bar. Estoy decidido a mendigar algo de comer y aunque llamo nadie contesta. Mientras estoy inspeccionando la zona intentando contactar con alguien que lleve el bar me doy cuenta de que estoy junto a unas neveras; las abro y encuentro un montón de latas de bebida que parece que me estuvieran hablando. Pillo una cerveza y un Nestea que me tomaré, junto con unas nueces en un descanso antes de llegar a Xerta. En el camino intento comunicarme con una chica que conocí hace poco que vive en Tortosa. Me imagino tomándome una cervecita y unos calamares en una terraza con ella y quizás luego me invite a dormir a su casa pero… no contesta.

Frente a un túnel en la vía verde, cerca de Xerta

Un poco colocado por el cansancio, el hambre y la cerveza llego a Tortosa a las 18:30 h. Me pongo a pedir dinero en un pasaje a la entrada de la ciudad. Una vez superada la vergüenza, la sensación es alucinante. Me siento fuerte en la mayor indefensión y siento una inmensa gratitud por la gente que me da una limosna. Cuando tengo casi cinco euros y, como está anocheciendo, decido ir a comprar comida. Después continúo el camino hacia Amposta y decido parar en uno de los campos por los que estoy pasando. Planto la tienda entre un limonar y un embarcadero, entre Vinallop y Campredó. Tengo mucha hambre. Me alimento a base de pan, queso y galletas. y me quedo dormido enseguida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *