Tengo las típicas dudas antes de salir de viaje. Me tira el acomodo por precario o ilusorio que sea. Llevo dos días cagándome por las mañanas. Normalmente cago cada día al levantarme y normalmente ésta es la única vez que lo hago en todo el día. Sin embargo, hace ya unos pocos días que tengo la necesidad de evacuar varias veces durante la mañana. Es la manera que tiene mi cuerpo de manifestar un miedo que no siento a un nivel racional pero que tiene toda la pinta de estar ahí, no sé si por la inminencia del viaje o por la separación de Toni. En cualquier caso sé que es un indicador de que no estoy en mi lugar. Es Toni el que además de sugerirme que me vaya de la casa que está ocupando, me sugiere que me compre un carro.
Me he citado en Barcelona con un hombre que me vende un carro que ya no necesita. Me espera en el barrio de Sants, en la calle Autonomía número 22. Una vez en su taller, me explica que ha hecho dos viajes con este carro: el canal de Midi y la vía verde de la Val de Zafán, en Teruel, rutas que también he hecho yo. Todo encaja. Cuando tengo una visión de conjunto del carro montado a mi bici siento euforia. Me da un subidón que me indica que comienza una verdadera transformación. Más allá de haber resuelto una cuestión práctica tengo la sensación de que mi vida se amplifica, ganando en autonomía y en libertad.



