Cardedeu ~ Figaró-Montmany //

Se está muy bien aquí, así que no me doy prisa para salir. Me gusta ver a la gente que se acerca al terreno de la ermita. Niños, parejas, viejos con niños, mujeres, hombres… Suave sube-baja hasta La Garriga donde paro en un bar a comer. En la televisión, las noticias recomiendan a la gente que se quede en casa y no salga salvo para lo imprescindible. Hay imágenes de gente comprando montones de rollos de papel higiénico. Está película está yendo muy rápido y siento que mi cuerpo no puede adaptarse a tal velocidad. Me empieza a entrar ansiedad así que decido dejar de ver la televisión. Se me acerca un chico y me pregunta si soy “uno de esos viva-la-vida”. Dice que no sabe cómo se llaman los que hacen lo que yo hago pero que él también lo haría si no tuviera tantas responsabilidades. Escucho de fondo en la tele que han cerrado la ciudad de Igualada porque han detectado un caso y que nadie puede entrar ni salir.
Sigo unos pocos kilómetros más por la C17, cuesta arriba, mucho tráfico. Aunque la bici ya parece que va bien me estoy dando cuenta de que este viaje voy demasiado cargado. Llego al siguiente pueblo: Figaró-Montmany. La situación de la noche anterior se repite: otro tipo se me acerca y me indica como llegar a una ermita. Pero esta vez el recinto está vallado aunque no es un inconveniente y me las arreglo para entrar. La hierba está alta, hay un torrente al lado, me baño. Hace muy buena noche.

