Loubatour ~ Saint Sulpice d’Excideuil //
Me despierto a las 7:30 h. Ya para las ocho me activo. La tienda está bien seca porque anoche me aseguré de ponerla de forma que le diera el sol nada más salir y así salir pronto y aprovechar el día. Empiezan a venir las ovejas al campo donde estoy, así que voy saliendo. Es martes y trece. Anoche me di cuenta de esto mientras miraba la previsión del viento para hoy. Decía que tendría vientos del sur. Así que me fui a la cama pensando en que me tocaría sube y baja por esta zona montañosa con el viento de cara. No es así, hay un pelín de viento pero no desagradable y las subidas a primera hora de la mañana no me suponen un excesivo esfuerzo. Sin embargo, enseguida empiezo a ver que tengo problemas con la bici: la rueda de atrás está deshinchada. Tras hincharla, hago unos 10 km. hasta un pueblo, Jumilhac, cuyo castillo me asombra al llegar. La rueda está deshinchada de nuevo así que ya sé que es un pinchazo. Cambio la cámara pero se vuelve a deshinchar al rato. Me cuesta ver el problema: un pincho bastante oculto en el neumático así que busco los agujeros en las dos cámaras que tengo y las parcheo. El problema es que los parches que tengo son una mierda y no pegan bien así que cuando salgo del pueblo tengo que parar varias veces en 10 km para hinchar la rueda y poder ir tirando. Decido parar definitivamente pasado Sarrazac, junto a un pequeño río (Laveau) y así comer. Ya me lo puedo tomar con calma porque estoy lejos de centros urbanos para poder comprar parches en condiciones y poder continuar pedaleando más de 2 km seguidos.
Salgo hacia las 19:00 h habiendo hecho el último intento de arreglar la bici. Ya veo claramente que necesito parches nuevos o mejor, una cámara nueva porque el pincho causante del problema me ha dejado demasiados agujeros como para arreglarlos con unos parches que son una mierda o yo no sé usar. Sigo el sube y baja por esta bonita zona de Dordoña parando a inflar la rueda un par o tres veces más hasta que llego a Saint Sulpice, donde me paro en un bar y me tomo unos panachés. Luego puedo hacer tres kilómetros más hasta donde estoy ahora, pasado el pueblo. Total unos 10 km.
22.00 h.
El día ha ido de picotazos. Todavía estoy padeciendo el último. Hace menos de una hora he montado la tienda de forma apresurada, alumbrándome con la linterna del móvil, en un trocito de bosque que he encontrado prácticamente de noche en la carretera que va de Saint Sulpice d’Excideuil a Excideuil. Estoy en una zona muy rural. Excideuil está a cinco kilómetros y tiene unos cien habitantes, así que espero que cuando llegue mañana pueda o comprar parches o una cámara nueva aunque ni la señora que me ha servido el par de panachés en el pueblo ni yo tenemos claro que haya mecánico de bicis en Excideuil, así que a verlas venir.
Ahora mismo hay una paz total afuera. Paz de verano, con grillos y pájaros nocturnos. Pero montando la tienda parecía que estuviera en medio de una tempestad. De repente, mientras se ocultaba el sol definitivamente, ha empezado a soplar el viento con fuerza. El ambiente se ha tornado eléctrico. A o lejos un rayo. Está claro que va a llover. Monto la tienda con toda la concentración y la máxima velocidad, alumbrado por la ténue luz del móvil apoyado en la bici. El lugar no es de lo mejor y tengo que tener cuidado con alguna plancha pinchuda. Cuando estoy terminando, puedo distinguir un insecto grande volando de forma que parece desconcertado. Caen hojas secas sobre la tienda arrancadas de los árboles por el fuerte viento. Casi acabando de montar la tienda un impacto afilado sobre mi muslo me hace gritar de dolor. Al principio creo que es una zarza, pero luego me doy cuenta de que ha sido el insecto volador que parecía atolondrado. Sigo con la tienda. Voy metiendo dentro lo que meto dentro cada noche. Empieza a llover. Cubro la bici con la capa de lluvia y me meto en la tienda. Hoy he hecho unos 30 kilómetros, lo cual es mucho teniendo en cuenta las condiciones en las que he tenido la bici.

