Bois-le-Rois ~ Buno-Bonnevaux //
Aunque he dormido como cuatro o cinco horas (me acosté hacia las 2 y me he levantado hacia las 7) estoy bien. Sé que no podré hacer mucho esfuerzo hoy porque van a hacer como 35 grados (según me dice un hombre parecido a Obélix que viene aquí a bañarse) y estoy acostumbrado a dormir 7-8 horas. Amanece desde el río y mi material, levemente mojado por la humedad, se va secando sobre la acacia caída que me ha servido de refugio y ahora de tendedero. Me paso 3 horas aquí desayunando, lavando cuatro trapos y estando simplemente. La mujer del Obélix contemporáneo mete los pies en el río mientras su marido se sumerge y recoge una hierba que resulta ser menta acuática.






El otro día me quedé con ganas de ver un poco de Melun, de entender la ciudad pero estaba muerto de calor y quería entrar en el bosque. Así que anoche decidí que lo primero que haría en el día de hoy sería ir allí. A partir de ahí no sé como haré. Me estoy quedando sin básicos de comida, así que compraré comida en Melun. Llego a la ciudad cómodamente por un camino muy bonito junto al río, siguiendo las indicaciones de un tipo muy agradable que paseaba sus muy obedientes perros por el camino tras mi campamento. Al llegar a Melun, flipo con la cárcel en la isla y veo una iglesia con pinturas de Jean Fouquet que están en Berlín, junto con un aviso terrorista. Tengo ganas de entrar en una iglesia y sintonizar con lo divino de una forma ritual. Un poco desorientado con la bici por el centro, una tía me pita y me dice alguna mierda que no entiendo. La tía es muy guapa y me dan ganas de decírselo, así que la sigo y mientras pienso que igual no es adecuado decirle nada, veo un Halal en donde me pienso aprovisionar. Compro especias, frutos secos, salsa, fideos, una botella de fleur d’oranger con la intención de usarla para refrescarme cuando no tenga agua. Me gasto 20€ y me agobio un poco porque creo que ya no tengo dinero aunque enseguida veo que me da igual, mientras compro unas frutas en el mercado. Pienso que puedo vivir con lo que tengo durante cuatro o cinco días sin problema ni grandes cambios de hábitos. Eso sí, olvidémonos de bares, refrescos fáciles, duchas en campings…
Quiero salir de Melun y no sé muy bien cómo. Alguien viene detrás con su coche y yo me muevo de lado a lado intentando indicarle que pase por donde pueda, pero no entiende mi lenguaje corporal. Lo único que pretende es que como vendría a ser lo habitual, permanezca a la derecha, lo más pegado posible a la acera para que ella pueda adelantarme. Me pita y me increpa que hago eses. Le hago una señal para que pare y le pregunto cómo salir de Melun para ir a Barbizon. Ella, una mujer no muy guapa aparentemente, se peina y saca lo mejor de ella mientras me explica perfectamente (es profesora de autoescuela) como salir hacia Barbizon de la manera más rápida y fácil. Cuando la dejo pasar, en 100 metros está entrando en su casa. No sé a que venía tanta prisa y necesidad de pasarme. Estoy encantado de cómo con un poco de gusto, puedo no reaccionar de la forma habitual y crear una situación agradable y beneficiosa para mí.
Salgo de Melun con la única idea clara de ir hacia el sur, puede que a Milly-la-foret, puede que hacia Nemours. En ambos lugares pasan ríos que pueden acompañarme y hacer mi día a día agradable. Llego a Barbizon entre carreteras. Continúo hasta Arbonne-la-foret y decido ir hacia Milly pasando por el bosque, orientándome por la posición del sol. Llego hasta unas rocas donde hay un hombre, dos mujeres blancas y una niña: Como una frutas y cereales mientras descanso. Necesito refrescarme, azúcar, vitaminas. Hace mucho calor y el camino por aquí es de arena, así que tengo que ir empujando la bici. Se va la familia. Me quedo solo y aprovecho para desnudarme un rato. Oigo gente, me pongo el culotte. Llegan un montón de negros de entre 30-40 años y una negra y niños blancos. Dan muy buen rollo. Me uno a ellos en sus piedras y les hablo de mi viaje y de que no trabajo. Mola. Se ríen. «El precio de la libertad». «La libertad no tiene precio». No me aconsejan ir por el Loira, así que definitivamente voy a Milly. Llego hacia las 4:30 h, un poco como si hubiese pasado por un desierto. Lo primero que hago es entrar en la Chapelle de Cocteau y me emociono. Hay muchas aromáticas en el jardín, alguna tóxica, utilizada sólo en homeopatía. Hay como siete u ocho variedades de menta, todas con diferente olor, entre ellas la menta de Milly y la acuática, que llevo desde está mañana. Estoy un poco ciego del calor así que cuando me cierran, me voy y me tomo una tónica y un pastel que me sientan de maravilla.









Vuelvo a no saber dónde ir, así que me pregunto: ¿Qué necesito?: Lavarme. Pregunto a una chica que me indica opciones gratuitas para lavarme y dormir por el bosque, pero no la entiendo muy bien. Tengo dinero, puedo ir a un camping y aprovecharía para trabajar… Bah, puedo trabajar con la batería que me queda. QUIERO UN RÍO. L’Essone, mi próximo objetivo, que además puedo acompañar hasta Orleans, mi objetivo a corto medio plazo. Aunque he visto y leído que vivir sin objetivos es más evolucionado, yo estoy en un momento en el que como no me marque objetivos me pongo en gran peligro porque me atonto, me pueden atropellar…
Pregunto a una pareja a la que casi no pregunto porque él me parece que tiene cara de amargado y me recuerda a mi. La vida me los vuelve a poner delante mientras doy vueltas por Milly, entrando en su casa. Me hablan de un château en Bunno-Bonnevaux donde puedo bañarme. Me dice que en general l’Essone es un río grande en el que me puedo bañar. Se vuelve a repetir la situación anterior (le he pedido a Cristo que me ayude a tener la fuerza para mantenerme en esta sintonía de aprovechar la mala honda para sacar algo bueno) Sabiduría. Un hombre y una mujer borrachos en Bunno-Bonnevaux me indican como llegar al molino, en el que me puedo bañar desde la carretera.
He hecho unos 40 kilómetros. Creo que es mi media.

