Peak District ~ Derby ~ Melbourne //
Me despierto a las 5.30 h y salgo de la cabaña sobre las 6:30 h y, sin desayunar, voy hasta Ashbourne, pedaleando casi una hora. Mi intención era parar antes, pero me lo paso disfrutando de la bajada. Desayuno en el banco de una pérgola en un parque y me quedo dormido como dos horas. Hace muy buen día. Luego voy hasta Derby en otras dos horas. Llego sobre las 14:00 h y me estoy unas horas en un parque a la entrada de la ciudad. Un parque que es tan grande como el centro de la ciudad. Descanso, como y me repongo de dos días muy duros. Luego voy a un pub donde me tomo una pinta, miro el recorrido a seguir y publico algo en el blog.


Salgo de Derby sobre las 19:30 h por un canal y una vía ciclista señalizada con el número seis. Es sencillo y plano hasta Melbourne, por donde quiero buscar sitio para dormir.

A la entrada del pueblo, me topo con una calle muy estrecha con un indicador de vía ciclista. La tomo desmontado de la bici, entro en un sendero muy estrecho y pienso que menuda putada si va a ser así mucho rato. Sin embargo enseguida llego a un espacio abierto con un cementerio. Son sobre las 21:00 h. Hace calor. Justo entonces, comienza a sonar una música a todo volumen proveniente de una casa cercana. La luna llena está saliendo sobre la casa. En el cementerio, varias tumbas bizarras pero especialmente la de Nick, muerto en diciembre de 2015 a los 21 años. Su tumba es como un mausoleo infantil con muchas flores y globos de colores que bailan al ritmo de Delilah y de canciones de Elvis Presley. Aviones vuelan sobre mi cabeza, realmente cerca porque debe haber un aeropuerto al lado. Frente a mí, el camino que llevaba tras cruzar el cementerio se corta con una valla imposible de cruzar con la bici sin desmontar todo el equipo. Podría tomar un desvío del camino… Me quedo parado. En ese momento de extrañamiento absoluto, en medio de la nada, aparece un hombre de aspecto alegre y joven. Ha llegado allá por la música, pensando encontrarse una fiesta. Es muy raro que esté pasando esto en esta zona e incluso me pregunta si yo tengo algo que ver. No le hago mucho caso porque justo pasa un avión pero luego le digo que voy a buscar un sitio para dormir. Se muestra muy interesado en mi viaje y me invita a dormir en el jardín de su casa. Juntos, cruzamos la valla del cementerio con la bici a pulso y vamos a su casa. Me presenta a Helena, su mujer. Me invitan a cenar, pongo una lavadora, me ducho, cargo baterías y monto la tienda en el jardín después de una animada charla regada con cervezas.



