Edimburgo //
Llueve todo el tiempo. Me dedico a visitar museos.




Por la noche, llego derrotado a casa de Simon después de patearme Edimburgo de arriba a abajo, de visitar galerías de arte y de subir montañas bajo la lluvia. Me lo encuentro sentado en la calle, acompañado de una homeless que, por lo que luego veré cuando se nos junte más gente, es popular en el barrio. Así que aquí estamos: Simon, la homeless, un irlandés que dice que es irlandés varias veces, otro que ya no sé de donde es ni me importa y yo, que no me estoy enterando de nada de lo que dicen. Aunque me gustaría enterarme pero estoy tan cansado que sólo pienso en que a Simon se le ocurra subir a casa y me lleve con él. Y también pienso en beber y en fumar, pero me reprimo; total, ya estoy comiendo gominolas sin parar, ya tengo el cupo de toxicidad cubierto. Llevo todo el día comiendo mierda.
Simón, que en algún sentido me recuerda al Joker, es activista, así se define él. En la actualidad está inmerso en una causa consistente en la paralización de la construcción de un nuevo hotel al lado de su casa. Esto es lo que le absorbe, lo que le da el sentido a su vida. Curiosa actitud para alguien que me dirá que la lucha no sirve de nada.




