2016.06.15

Cupar ~ Dunfermline //

Cupar Falkland Strathmiglo Loch Leven Cleish Dunfermline Cairneyhil. 68.5 km.

Salgo de casa de Isabel y Nacho como a las 12:30 h rumbo a Edimburgo. Voy con el xirimiri* hasta Dunfermline, una ciudad muy próxima a Edimburgo, al otro lado del Firth of Forth, que es como llaman aquí al brazo de mar que, entrando en la tierra, separa las dos ciudades. Ir en bici bajo la lluvia tiene el inconveniente lógico que a todos se nos viene a la cabeza pero por otro lado la fricción de la rueda con el asfalto es menor que de habitual. Vas más rápido, parece que te deslices sobre la carretera y si a eso le añades la excitación de empezar el viaje, te sientes casi volando.

Al llegar, sobre las cinco, para de llover. Me pongo cómodo en las ruinas de la iglesia y el castillo y voy hacia el oeste. Me cuesta encontrar un lugar para acampar; todo está muy poblado, demasiado humanizado. Acampo en una pequeña franja verde al lado de la carretera, separada de ésta por una fila de árboles Al otro lado, un campo de golf. Un sitio bastante cutre, con basura esparcida aquí y allá. Justo cuando estoy terminando de montar la tienda se pone a llover en serio.

Dunfermline, Iglesia

No sé ni cuánto tiempo va a durar ni a dónde me va a llevar este viaje. Tengo ideas, ganas de ir a sitios, pero todo está condicionado por el propio viaje. Por ejemplo, al salir de Cupar creía tener clara la ruta por el período de un mes. Mi intención era visitar unos días Edimburgo y de ahí subir a las Highlands en un viaje circular que me llevaría bordeando la costa hasta Glasgow. Ahora ya no lo sé. Llevo todo el día metido en la tienda, protegido de una lluvia que pasa de xirimiri a lluvia intensa y de nuevo a xirimiri pero que nunca cesa. En el momento en que me decida a desmontar el xiringuito y enfilar a Edimburgo, me dirigiré a casa de Simón, un viajero que está mañana se ha puesto en contacto conmigo desde Warmshowers para decirme que me podía alojar esta noche. Así que la perspectiva es buena.

*xirimiri: así es como se llama en el País Vasco a la llovizna, un constante caer agua como si el cielo fuera un gran pulverizador.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *