Colliure ~ Llançà //
Estoy en el bosque entre la carretera que sube a Tour Madeloc. Me he despertado cuando el sol empezaba a aclarar el día, antes de que apareciera detrás de unas nubes bajas por el Cap de Creus, como a las 7:30 h. En realidad me ha despertado un helicóptero que estaba dando vueltas por encima de la zona.



He subido a pie hasta donde la carretera empieza a bajar a Banyuls-sur-Mer y de ahí he subido un camino muy empinado a la Tour Madeloc. Todo esto mientras amanecía.





Al bajar de nuevo desde la Tour Madeloc me he perdido y he estado andando más de media hora entre rocas y matorrales, medio escalando, medio abriéndome paso entre las plantas, subiendo y bajando, hasta que he vuelto a encontrar el camino, gracias en buena parte a unos hombres que había en una caseta haciendo algún trabajo, justo donde empieza el camino desde la carretera. Cuando he llegado a donde estaban, han ido desapareciendo; unos han tomado un camino y otros se han metido en la caseta. Así que he pasado justo al lado de ellos y no me han visto. Esto es muy curioso, es como si supieran de una manera inconsciente que yo estaba perdido por el monte, expuesto al peligro, pero no quisieran inmiscuirse en mi historia. Es como si fueran protectores que están ahí el tiempo justo pos si los necesito, pero no más.




Lo mismo ha ocurrido cuando he llegado a la tienda: Había tres coches en la curva del mirador, los que he visto al ir bajando, a menos de 150 metros. Pues bien, he subido hacia la tienda sin que me vieran. Uno de los coches ha arrancado en ese momento y se ha ido hacia abajo y, las personas que iban en los otros dos estaban entretenidas con un perrito contemplando el paisaje. Así que continuamente: helicóptero, trabajadores, turistas. Me siento acompañado, ayudado, despertado, orientado por otras personas que no me hacen ningún daño y ni siquiera irrumpen en mi tan preciada soledad.




A las 10:00 h estoy terminando de recoger todo y voy hacia Colliure a donde llego en un par de horas tras pronunciados sube-bajas. En Colliure cargo el móvil en el cuarto de la limpieza de unos lavabos públicos en la playa. Después continúo a Cerbere, a donde llego sobre las 13:30 h.








Una hora más para llegar a Portbou.



Nada más llegar a Portbou, me encuentro en la playa con un hombre oriental que va en bici como yo. Desde el principio me llama la atención lo similar de nuestro rollo. Tenemos una bici de montaña, alforjas, la misma bolsa de manillar… Me invita a un cigarro y me empieza a hablar de Corea, de China, de Japón, de Francia y España. Dice que en la TV de Corea todo el rato dicen «Alberto». Y enseguida empezara a llamarme «su profesor».

Encontrarme con un asiático y tener tan buen rollo, ahora que yo me siento cada vez más asiático, me parece muy interesante. Ho Chin Hu es camionero en Corea y tiene mujer y un hijo. Enseguida me hablará de las relaciones China-Japón-Corea y me mostrará la cicatriz que le cruza el abdomen de arriba a abajo. Le acaban de hacer una operación de estómago por un problema grave y ese es el motivo por el que está viajando, como por celebrar la vida. Tiene un montón de aparatos electrónicos, placas solares, GPS… Casi no habla inglés y no entiendo casi nada de lo que me dice, pero hay algo que nos une profundamente. Tenemos el mismo cuerpo, hacemos un viaje parecido, tenemos cosas materiales en común.
Comemos un menú en la Rambla de Portbou. Yo he devorado la comida, que hemos compartido. Ensalada, carne, pescado, arroz. Hemos fumado sin parar Marlboros largos. Me había quedado sin un duro en Colliure pero justo hoy me han ingresado todo el dinero: los 150€ de la bici y los 74€ de la TimeCapsule y además el coreano me ha invitado a comer. Me doy cuenta de que en la vida es absurdo preocuparse. Después de comer hemos pedaleado (él las cuestas las hacía con la bici en mano) hasta Llançà, algo menos de una hora, y se nos ha hecho de noche entrando al pueblo. Hemos venido al albergue según las indicaciones de una mujer que nos hemos encontrado mientras estábamos subiendo la cuesta saliendo de Portbou.


En el albergue de Llançà cenamos pan tostado con aceite y jamón serrano que he comprado en Portbou, ya que el coreano hablaba con deleite del jamón. Entonces llegan un grupo de titiriteros franceses y se ponen a hacer el diábolo y todo eso. Se me acerca una mujer y, en francés, como si fuera yo también francés, me dice que van a cenar donde estamos sentados nosotros en el jardín. Así que nos vamos. Yo estoy muerto, nos dicen que nos podemos quedar, pero nos vamos a dormir.



