Igeldo ~ Bayona //
Esta mañana me despierta el gallo del lugar y enseguida se me acerca la mujer boliviana que anoche me dio permiso para dormir en su terreno. Me invita a subir a la casa. Me presenta al hombre que cuida, un anciano de noventa años, muy delgado, sentado en una silla frente a un televisor y que apenas habla. La mujer me cuenta que ha dejado a sus hijos a miles de kilómetros para venir aquí y hablamos sobre mi viaje mientras desayunamos café con leche y galletas. Pasamos un rato agradable aunque algo triste.

Continúo. Paso indicaciones sobre restos de culturas prehistóricas que me gustaría visitar pero he pasado tan mala noche que sólo pienso en llegar a Bayona, encontrarme con Iza y descansar. Aunque para eso faltará todo el día.
Entro a San Sebastián por la playa de La Concha. El ambiente me parece muy pijo. San Sebastián es la ciudad de la desilusión para mi madre. Aquí es donde vino de luna de miel con mi padre y donde él se fue de putas mientras ella le esperaba en el hotel. Resisto a la tentación de tener sexo con un desconocido en un baño público del paseo marítimo mientras voy profundizando en un incipiente malestar. Como en un restaurante del centro en donde paso un par de horas escribiendo:
Estoy en San Sebastián, en una cantina tranqui con música brasileña, camarero con cara picada, tele en silencio y prácticamente solo. De vez en cuando entra algún personaje extraño. No sé hasta cuando voy a estar con la bici y la mochila dando vueltas. Ahora me encuentro con Iza en Bayona y luego iré otra vez a Logroño y luego a casa un par de días, luego vendimia en Lyon y nos ponemos casi en octubre. La historia es que ya no quiero vivir donde vivo, prefiero estar viajando, tomarme la vida como un viaje. No tengo armas para echar raíces y no me sale bien, pero tampoco creo que sea lo que tenga que hacer. En fin, que de momento vagabundear y ya veremos. Hay posibilidades de futuro, como casa rurales que hay por todo el mundo donde trabajar a cambio de comida/techo. Pero nada me hace ilusión en realidad. Me estoy quitando del tabaco, del alcohol y del sexo y pienso en la vida del monje. Creo que estoy cerca: castidad, pobreza, me falta currarme la obediencia, pero parece que es mi camino. Seguiré profundizando en el silencio, seguiré resistiéndome a las tentaciones. Lo único que me estimula es aprender, comprender mi mundo, el de los demás, el de los animales y las plantas. Aprender música, filosofía, biología... Aprender cosas sobre el cuerpo humano, crecer en valores humanos. Con este viaje me siento vivo y haciendo lo que tengo que hacer. No me apetece nada todo hacia lo que tiendo: silencio, castidad y tal, pero... La obediencia supone humildad. Reconocer al maestro.
Salgo de San Sebastián por la GI-636, cruzando pueblos industriales y pesqueros hasta llegar a Irún.


Me echo una siesta en Irún y entrando en Francia por carretera, paso por Urrugne y San Juan de Luz, tomo un baño en Bidart y continúo hasta Bayona donde me encuentro con Isabel y Arnaud. Montamos la bici en su furgoneta y nos vamos todos a cenar a casa de unos amigos antes de dirigirnos a casa de Isa en el Marais d’Orx.
Me llega un mensaje del comprador de mi coche diciéndome que ya ha hecho el cambio de nombre. Ya estoy oficialmente libre del coche.


